La concepción de lo que entendemos por saber, en concreto por la ciencia, no ha permanecido invariable a lo largo del tiempo y aunque siempre se ha entendido que la ciencia es un saber racional ha variado nuestro modo de abordar el estudio del Universo. Por supuesto, también ha ido cambiando la imagen del universo que nos ha aportado el saber.
Es imposible ofrecer un exhaustivo desarrollo la ciencia así como de las cosmovisiones por ella generadas pero queremos indicar algunos de sus características determinantes en diversos periodos de la historia.
- La Ciencia en el Mundo Antiguo y Medieval
El modo aristotélico de entender la ciencia y el saber fue el predominante durante estos dos periodos de la historia de la humanidad.
Características generales:
- No hay diferencia entre ciencia y filosofía. Algunas de las actuales ciencias, biología y física, sobre todo, serían para Aristóteles ramas de la filosofía. No existe ninguna diferencia entre ciencia y filosofía, ambos son saberes racionales cuyo objetivo es la contemplación o conocimiento del Universo
- Concepción esencialista del saber. El objetivo de la filosofía es conocer la esencia de las cosas, es decir, lo que hace a cada ente ser lo que es. Las esencias son universales y el filósofo pretende alcanzar el conocimiento de lo universal.
- Conocemos la realidad cuando podemos dar las causas de la misma. Aristóteles define el auténtico saber como un conocimiento de las causas que actúan sobre el Universo. Conocer la realidad implicar poder dar cuenta de las causas y principios de la sustancia (lo real). Aristóteles establece cuatro causas: formal, eficiente o agente, materia y final.
- La ciencia es un saber teórico. La ciencia y la filosofía tienen un carácter puramente contemplativo, es decir, solo pretenden conocer el Universo, no intervenir en él para obtener algún tipo de beneficio o de aplicación práctica del saber. En otras palabras, existe una radical separación entre ciencia y técnica.

La cosmovisión antigua, elaborada en gran medida por Aristóteles (384-322 a.C) y Ptolomeo (100-170 d. C.) es geocéntrica y es más o menos como sigue:
El Universo es un espacio cerrado y finito. En el centro está la Tierra inmóvil y la esfera más externa del Universo es la bóveda celeste donde se hallan las estrellas fijas. Todas las esferas giran alrededor de la Tierra.
El Universo es heterogéneo y está dividido en dos mundos: el mundo sublunar y el supralunar. Las leyes físicas son distintas para cada mundo. El mundo supralunar está compuesto de cuerpos inmutables, algunos de los cuales se mueven mientras que otros están fijos en la bóveda celeste. El movimiento propio de este mundo es el circular. El mundo sublunar está sujeto al cambio y a la destrucción. Existen aquí dos tipos de movimientos: el natural y el violento. Debido al movimiento natural los cuerpos tienden a su lugar natural (lo que pesa hacia abajo y lo que no pesa hacia arriba); el movimiento violento sería el contrario a éste. La Tierra no se mueve porque ya ocupa su lugar natural. Admitir el movimiento de la Tierra implica cuestionar toda esta concepción del Universo.

2. La ciencia en el mundo moderno. La Revolución científica
A lo largo de los siglos XVI y XVII se va a producir un profundo cambio en la concepción de la ciencia y del universo es lo que se conoce como revolución científica.
- Nueva concepción del saber. El estudio de las esencias y los universales había llevado al saber por derroteros excesivamente especulativos y abstractos y la nueva ciencia nace con un afán por conocer el mundo material y concreto que sustenta nuestra vida. Se abandona pues el estudio de las esencias. El estudio científico de la naturaleza elimina la causa final de la explicación científica. Los hechos de la naturaleza no tienen intenciones, objetivos por tanto la causa final solo se puede aplicar a los actos del ser humano.
- Se introduce la experimentación científica como medio de comprobación de las teorías y leyes de la naturaleza. Galileo Galilei (1564-1642) insistió en la importancia de la comprobación empírica de nuestro conocimiento de la naturaleza. Algo que hoy en día nos parece natural que forma parte del proceder normal de la ciencia surgió en esta época.
- El lenguaje de la ciencia es el lenguaje matemático. Tanto Descartes (1596-1650) como Galileo van a ser autores determinantes en este sentido. La objetividad del estudio científico viene dada por el uso del lenguaje matemático, solo lo que es cuantificable y medible puede ser objetivo y conforma lo que Galileo denominará las cualidades primarias de los objetos.
- Se produce una paulatina separación entre ciencia y filosofía. Dicha separación culminará a finales del siglo XIX y principios del XX cuando algunos científicos lleguen a afirmar que la filosofía no es un saber, el único conocimiento del que dispone la humanidad es la ciencia.
- Hay un gran interés por la aplicación práctica del conocimiento científico. El saber no es meramente contemplativo, teórico, sino que debe ayudar a mejorar la vida de los seres humanos. Nuestros conocimientos científicos se pueden emplear para crear instrumentos que mejoren nuestra vida y que nos ayuden también a nuestro conocimiento del mundo (telescopio, microscopio, etc). Se acaba con la tajante separación entre ciencia y técnica característica del Mundo Antiguo.
El heliocentrismo y por tanto, el movimiento de la Tierra alrededor del sol generan una nueva cosmovisión. Copérnico (1473-1543) en su obra De revolutionibus orbium coelestium postula la posibilidad de que sea el sol el centro del sistema solar y que la Tierra gire a su alrededor como el resto de los planetas describiendo órbitas circulares. Galileo Galilei consideró que el sistema propuesto por Copérnico era verdadero y lo defendió y enseñó en la Universidad y en las Academias científicas. Construyó un telescopio con el que observó la luna mostrando que no había diferencia entre el mundo sublunar y el supralunar, observó las fases de Venus y descubrió cuatro de los satélites de Júpiter. Johannes Kepler (1571-1630), con sus tres leyes sobre el movimiento de los planetas defenderá también el sistema heliocéntrico y demostrará que las órbitas descritas por los planetas no son circulares sino elípticas.
3. La ciencia contemporánea
- La relación entre ciencia y filosofía va a variar mucho a lo largo de este periodo. A finales del XIX y principios del XX, como ya hemos indicado, la relación entre ambos saberes es bastante problemática. Algunos científicos consideran que la filosofía no aporta ningún tipo de saber y que ha sido completamente superada por el conocimiento que nos ofrecen las ciencias, la filosofía es, por tanto, superflua. También encontramos algunos filósofos que consideran que la ciencia no ofrece una visión adecuada de la realidad, sobre todo de la realidad cultural o humana. La situación hoy en día y más o menos desde mediados del siglo XX, es bastante distinta. En la actualidad existe una clara cooperación entre ambos saberes, no se puede hacer filosofía hoy en día de espaldas o sin tener en cuenta los conocimientos científicos. Y la ciencia también debe tener en cuenta la filosofía cuando llega a los límites del saber.
- Aparecen las ciencias sociales o humanas: psicología, sociología, historia, economía, etc. En estas ciencias, en general, no se puede usar la experimentación como modo de demostrar las teorías científicas ni se pueden expresar sus verdades en un lenguaje matemático. Esto hará que se amplíe el concepto de ciencia ya que las ciencias humanas o sociales no pueden usar el método de las ciencias naturales o físicas. Además, la explicación causal no siempre es la más adecuada para este tipo de saberes. Por ejemplo, no nos importa tanto saber las causas que llevaron a un autor a escribir una obra, lo realmente importante es comprender la obra.
- Se moderan las aspiraciones de la ciencia respecto a la objetividad del conocimiento. Hoy en día la ciencia está abierta a la posibilidad de que nuestro conocimiento de la realidad puede modificar, alterar la realidad por lo que no podríamos alcanzar un conocimiento absolutamente objetivo de la realidad. También se plantea la posibilidad de que nuestras teorías científicas no sean más que instrumentos útiles para organizar nuestra experiencia.
- El principio de incertidumbre de Heisenberg que establece que no podemos conocer a la vez la posición y la velocidad de un electrón ayudó a desarrollar la idea de que no es posible un conocimiento absolutamente objetivo de la realidad. No se pueden conocer a la vez ambas magnitudes puesto que para determinar o precisar una tenemos que modificar la otra. Es decir, al observar la realidad para poder conocerla, la modificamos con lo que la imagen de una realidad imperturbable que la ciencia puede descifrar se cuestiona.