
I. Introducción
El ser humano es un ser vivo que forma parte del reino animal, aunque es un ser peculiar: es un animal con cultura. Naturaleza y cultura son dos términos que remiten a realidades completamente distintas, aunque por supuesto no incompatibles o excluyentes. Si queremos conocer al hombre, si queremos saber qué somos debemos estudiar ambas dimensiones del ser humano: la animal y la cultural que están indisociablemente unidas en nuestra especie. Durante gran parte de la historia de la humanidad se ha abordado el conocimiento del ser humano solo desde una perspectiva cultural. Estudiamos la historia, las manifestaciones artísticas, la política, la sociedad y la religión y con todo lo que aprendemos de esos saberes nos hacemos una idea de quién somos y proyectamos una imagen de nosotros mismos. Pero el hombre es algo más que cultura, no somos menos por reconocer que formamos parte del reino animal, que no somos seres extraños y ajenos a toda la vida natural del planeta, pero sí que nos equivocaremos al comprendernos si no reconocemos esta parte integrante de nuestra naturaleza.
El hombre, en su forma actual, es el resultado de la evolución de especies anteriores. Pero no hay en la actualidad ninguna especie en el planeta Tierra similar a nosotros. No hay más especies bípedas, ni que usen y controlen el fuego. Algunas especies han desarrollado un sistema de comunicación pero nada comparable a nuestro lenguaje. Ninguna otra especie escribe libros, hace películas y videojuegos, ora o expresa sus sentimientos y pensamientos. En este sentido hemos de reconocer, que al menos en nuestro planeta, somos únicos. ¿Cómo nos hemos originado? ¿Siempre hemos sido la única especie inteligente? ¿De dónde ha surgido nuestra especie? A lo largo de este tema vamos a ver un esbozo de cómo se ha producido dicha evolución, hasta donde la paleontología y demás saberes relacionados con el estudio de la evolución de nuestra especie, nos lleven en la actualidad.
Antes de iniciar este viaje en el tiempo vamos a establecer la taxonomía del hombre para que nos sirva de guía en este largo recorrido. El hombre pertenece al orden de los Primates, al suborden de los Antropoides, a la superfamilia de los Hominoideos, a la familia de los Homínidos, al género Homo, especie Homo sapiens. A la superfamilia de los hominoideos pertenecen: el gibón, orangután, gorila, chimpancé, los seres humanos actuales y los seres que pertenecen a nuestra línea evolutiva y que se han extinguido. Nuestro estudio de la evolución humana empezará con los Homínidos. Todos nuestros ancestros provienen de África y gran parte de nuestra historia evolutiva se ha desarrollado en ese continente.
El universo físico existe desde hace unos 20.000 millones de años (m.a). La Tierra se formó hace unos 4600 m.a. La vida apareció hace unos 3500 m.a. Los primeros organismos pluricelulares, hace 1000 m.a. La vida se inició en el mar y hasta hace unos 400 m.a. no colonizó la tierra. Los grandes mamíferos, en la línea que conduce al hombre aparecen hace 200 m.a., cuando el planeta estaba dominado por los reptiles. Nuestra especie, el Homo sapiens, surge hace entre unos 300.000 y 100.000 años. Hoy en día vive únicamente el 1% de las especies que han existido.
Si el reloj evolutivo desde el origen de la vida hasta el presente se reduce a escala de un año el hombre aparece aproximadamente a las ocho de la tarde del último día del año. Si se reduce a un día, el hombre aparece unos cuatro segundos antes de que finalice el día. El hombre civilizado aparecería en la quinta parte del último segundo. Si representamos en un día la evolución desde que aparece el Homo sapiens hasta nuestros días, la sociedad agrícola y ganadera aparecería unos 3`5 minutos antes de que acabara el día.

II. Los Homínidos
El único homínido vivo en la actualidad es el ser humano, pero a lo largo de nuestra historia evolutiva han existido y coexistido muchas más especies de homínidos de las que nos vamos a ocupar a partir de ahora.
Los seres humanos somos primates, es decir mamíferos adaptados a la vida en bosques tropicales húmedos o subtropicales. Los primates tienen la capacidad de desplazar las cuatro extremidades en varias direcciones y levantar los brazos por encima de los hombros (posibilitando la braquiación), capacidad de agarrar con manos y pies (aunque nosotros hayamos perdido esta última), una gran flexibilidad en la columna vertebral que permite torsiones y giros y órganos sensoriales táctiles. Suelen tener los brazos más largos que las piernas. Además tiene los ojos en una posición frontal lo que permite la visión estereoscópica o visión en tres dimensiones (permite cálculos de distancia muy precisos). Los simios (un subgrupo dentro de los primates a los que pertenecemos así como los chimpancés, gorilas y orangutanes) hemos desarrollado mucho el sentido de la vista frente al del olfato, característico del resto de los mamíferos.



«La posibilidad de moverse entre las ramas de los árboles, en este hábitat tan peligroso donde calcular distancias es vital, la posición de los ojos se transformó en un aspecto absolutamente imprescindible para los primates arborícolas. Disponemos de visión estereoscópica gracias a la superposición de los dos campos visuales. Cuando los ojos están a un lado y otro de la cabeza se puede ver un panorama más amplio, algo que muchos animales necesitan para distinguir a sus predadores. Un campo de visión más amplio, junto con la capacidad olfativa y la agudeza del oído, son imprescindibles para la supervivencia. Pero para los primates es mucho más importante calcular distancias para saltar de una rama a otra. Cuando dejamos la protección de los bosques no cambiamos esa adaptación, seguramente porque éramos lo suficientemente sociales como para protegernos en grupo. Además, llegaron otras necesidades como la fabricación precisa de instrumentos que requiere ver en tres dimensiones. Y si tenemos alguna duda al respecto, ¿alguien se imagina a un conductor incapaz de calcular distancias? La misma capacidad visual es necesaria para construir un instrumento de piedra que para fabricar un reloj o realizar una operación quirúrgica. Además, tenemos la capacidad de percibir la longitud de onda de tres colores del espectro visible, el rojo, el verde y el azul, frente al monocromatismo de muchas especies de mamíferos y de los primates nocturnos, que solo ven en blanco y negro, o frente a la visión dicromática de las mayoría de los mamíferos. Disponemos en la retina de opsinas, pigmentos sensibles a la luz que nos permiten cambiar las longitudes de onda y ver el mundo color. Estas ventajas adaptativas se han quedado con nosotros y se han tornado en imprescindibles para nuestra existencia. Lo que surgió como una necesidad para la vida en las alturas se ha aprovechado para desarrollar la cultura»
Bermúdez de Castro, José María Dioses y mendigos. La gran odisea de la evolución humana. Ed. Crítica, 2021
Los homínidos, presentan un periodo de crecimiento postnatal bastante desarrollado[1], sobretodo en nuestra especie, acompañado de un cuidado considerable de las crías por parte de los progenitores y una descendencia relativamente pequeña.
Los biólogos moleculares creen que nuestro linaje se separó de la línea del chimpancé hace entre 4,5 y 7 m.a. El conjunto más antiguo de fósiles de dicho linaje fue localizado por el equipo que dirige Tim White, Gen Swa y Berhane Asfaw en la región del curso medio del río Awash, en el país de los Afar, Etiopía. Se calcula su antigüedad en torno a los 4,4 m.a. Los han bautizado como Ardipithecus ramidus (ardi y ramid significan suelo y raíz en la lengua de los afar) y parece ser que habitaban un medio forestal por el tipo de fósiles asociados y una dentición pobre en esmalte, esto es, similar a la que tienen en la actualidad los chimpancés. El conjunto más importante de fósiles de esta especie pertenecen a una hembra apodada Ardi que medía unos 120 cm y pesaba unos 50 kg. Los restos de las manos y pies de Ardi sugieren que estaba perfectamente adaptada a trepar a los árboles, aunque también era bípeda. Seguía teniendo el dedo gordo del pie oponible pero el hallazgo de buena parte de su pelvis no deja dudas de que andaba erguida.

Entre las evidencias que apoyan un temprano bipedismo se encuentran unas huellas de hace 3,7 m.a. conservadas bajo una capa de ceniza volcánica en Laetoli (Tanzania, cerca del famoso parque del Serengeti). En el yacimiento de Laetoli se han encontrado fósiles del Australopithecus afarensis de la misma antigüedad que las pisadas por lo que cabe suponer que las produjeron dichos homínidos. Estas huellas corresponden a dos individuos que caminaban por la misma senda separados por unos 20 metros y pertenecen a homínidos bípedos.
Además del Ardipithecus ramidus se han hallado otras especies. Las más importantes son:
- Australopithecus afarensis: la mayoría de los restos fósiles de esta especie se han encontrado en el área de Hadar, en Tanzania. Se calcula que su encéfalo pesaría unos 426gr y se recuperó el esqueleto casi completo de una hembra: Lucy.
- Australopithecus africanus: se calcula el peso de su encéfalo en torno a los 436gr. Se calcula su antigüedad entre 3 y 2 millones de años.
- Australopithecus baherlgahcali, se calcula su antigüedad entre 3 y 3,5 millones de años.
- Australopithecus garhi. Se calcula su antigüedad en unos 2,5 millones de años.

Para estudiar un poco más detenidamente estos australopithecus vamos a fijarnos en Lucy, el más famoso de todos ellos. Lucy medía aproximadamente unos 105 cm. y su peso no sobrepasaría los 30 Kg. Otros fósiles más grandes corresponden a ejemplares que medirían en torno a 135cm y pesarían unos 45 Kg. Estas diferencias pueden deberse al dimorfismo sexual[1]. El cociente entre la longitud del húmero y la del fémur (que expresa la proporción entre brazos y pierna) es de un 85%. En los humanos es del 71%; orangutanes 129%; gorilas 118%; chimpancés 102%; bonobos 98%. Estas proporciones sugieren que los australopithecus mantenían algunas de las aptitudes ancestrales para trepar por los árboles a pesar de ser claramente bípedos. Además, las falanges de los dedos y manos están curvadas asemejándose a las de los chimpancés; esta curvatura está relacionada con la capacidad para asirse a las ramas de los árboles y moverse por ellos. Todo esto unido a que se les atribuye un hábitat forestal más o menos cerrado, nos hace pensar que además de poder caminar como bípedos, los australopitecos todavía se subían a los árboles para alimentarse, escapar de los depredadores o dormir.
[1] Diferencia de peso y tamaño que existe entre el macho y la hembra de una misma especie

II.1. La bipedación
Principales factores anatómicos que hacen posible la bipedación:
- Músculos glúteos aductores: glúteo menor y medio. El desarrollo del glúteo mayor y la transformación de los glúteos medio y menos en aductores permite la posición erecta y el desplazamiento bípedo.
- Foramen magnum: orificio de la base del cráneo por donde sale la médula espinal. En los antropomorfos está situado en una posición más retrasada en la base del cráneo con respecto a los humanos porque la cabeza está en el extremo de una columna vertical dispuesta diagonalmente en la marcha cuadrúpeda.
- El pie: el dedo gordo del pie ya no es oponible y está alineado con el resto de los dedos.
- La columna vertebral: presenta dos curvaturas, una en la zona cervical y otra en la lumbar, que permiten la posición erecta junto con los músculos glúteos y los de la nuca.
- La cadera: el ala ilíaca en la cadera humana es más corta y más ancha que en el resto de los antropomorfos. También ha cambiado su orientación. Estos cambios en la forma de la cadera que han hecho posible la bipedestación han dificultado mucho el parto, puesto que se ha estrechado el canal del parto. Esto hace necesario acortar el periodo de gestación por lo que las crías nacen prematuramente inmaduras. Pensemos, por ejemplo, en lo que tarda un niño en empezar a andar con respecto a otras crías de mamíferos.


Hipótesis
¿Por qué nos hicimos bípedos? La ciencia ha dado varias respuestas a este interrogante, algunas de las cuales han calado en la sociedad y da la falsa impresión de que tenemos una clara explicación, pero la realidad es que no es así. Por ahora, no hay ninguna hipótesis confirmada que explique adecuadamente la aparición de esta peculiar forma de desplazarnos.
– Una primera hipótesis sugería que la bipedación era una adaptación a la vida en la sabana puesto que nos permitía ver a nuestros depredadores por encima de las altas hierbas. Esta hipótesis se vio refutada en cuanto se descubrió que nuestros primeros ancestros bípedos vivían en los bosques, no en campo abierto. Además, los australopitecos no medían más de 130 cm en el mejor de los caso, altura claramente insuficiente para este propósito.
– La segunda hipótesis explicaba la bipedación aduciendo que un animal bípedo puede realizar una mejor regulación térmica que un cuadrúpedo. La regulación térmica de los mamíferos conlleva un gran gasto energético y a menos superficie expuesta, menos insolación. Nuevamente las evidencias desmienten la hipótesis: si andamos a pleno sol necesitamos proteger la cabeza y los hombros y además se tiene la evidencia de que esta forma de desplazamiento se gestó a la sombra de los bosques.
– Otra hipótesis que tuvo muy buena acogida en la comunidad científica es que si tenemos las manos libres podemos fabricar herramientas. Nuevamente los datos nos indican que la técnica apareció y se extendió cuando ya éramos bípedos.
– ¿Gastamos menos energía en nuestros desplazamientos que un cuadrúpedo? Resistimos bien las largas caminatas pero no podemos desarrollar una gran velocidad durante mucho tiempo. Los cuadrúpedos también son muy eficaces energéticamente hablando. Los caballos, por ejemplo, pueden correr a gran velocidad durante varios kilómetros a la vez que cubren largas distancias en poco tiempo con una marcha tranquila. En definitiva, tampoco parece esta una hipótesis válida.
Cómo decíamos al principio, la ciencia no tiene ninguna explicación válida a una de las características definitorias de nuestra especie y modo de vida.
[1] En los monos antropomorfos el recién nacido viene al mundo con un cerebro que representa más de la tercera parte del que tendrá de adulto, mientras que en nuestra especie representa menos de un cuarto.

III. El género homo
Hace cerca de 2,8 m.a. comenzaron a producirse en nuestro planeta marcadas oscilaciones climáticas asociadas a la extensión de los mantos de hielo en el hemisferio norte durante las épocas frías: las glaciaciones. Por esta causa en el este de África, en las zonas cercanas al ecuador, las praderas herbáceas se extendieron a expensas de los bosques. Dicho cambio climático contribuyó a la aparición de dos nuevas especies adaptadas a medios más abiertos: los primeros representantes de los géneros Paranthropus (los parántropos) y el Homo (los humanos).
El vocablo «paranthropus» significa literalmente «al lado del hombre» y fue dado a una nueva especie de homínidos. Éstos convivieron con los antepasados del hombre durante cerca de 1,5 m.a. en toda el área sureste de África. En la actualidad no hay ningún superviviente de esta especie.
La aparición del género homo supone un nuevo cambio en nuestra evolución y que se caracteriza por dos rasgos relacionados entre sí:
- La fabricación de útiles de piedra
- Un claro aumento de la capacidad craneal.
Vemos primero los principales representantes del género homo y posteriormente analizaremos estas dos características.



Homo habilis: los primeros fósiles de esta especie fueron hallados por Louis y Mary Leakey en la Quebrada de Olduvai, en Tanzania. Vivieron entre hace 1,8 y 1,6 m.a. La proporción entre el húmero y al fémur es del 95% y poseían un encéfalo de unos 619gr. En los seres humanos actuales la proporción entre el fémur y el húmero es del 71% y nuestro encéfalo pesa unos 1300 gr. de media. Se han hallado restos de esta especie en Etiopía (valle del río Omo y Hadar) y en Kenia. Su cuerpo no debía ser muy diferente del de un australopiteco: no eran demasiado altos y tenían los brazos largos y las piernas cortas. Al parecer vivieron en un hábitat similar a la sabana con árboles y matorrales dispersos o formando manchas verdes en grandes claros de hierba.
Homo rudolfensis: vivió entre hace 1,9 m.a. y 1,6 m.a. Sólo se han hallado fósiles de esta especie en las orillas del lago Turkana (antiguamente llamado lago Rodolfo). Algunos investigadores apuntan a que el Homo rudolfensis podría incluirse dentro del Homo habilis si se aceptara para esta especie un marcado dimorfismo sexual.
Homo ergaster: en esta especie encontramos un claro aumento del tamaño del cerebro (debía pesar unos 805 gr.), una nueva disposición en los huesos nasales que provoca que la nariz destaque en el perfil de la cara y la reducción del tamaño de los molares. Debió de vivir entre hace unos 1,8 m.a. y 1,4 m.a. El fósil más notable atribuido al Homo ergaster es el esqueleto encontrado por el equipo de R. Leakey conocido como «el niño de Turkana». Se conserva la mayor parte del cuerpo incluido el cráneo y la mandíbula. Sólo le faltan los huesos de los pies y casi todos los de las manos. Se cree que pertenece a un niño de entre 9 y 11 años. Medía 160 cm, lo que significaría una estatura superior a 180 cm cuando completase su crecimiento. La proporción entre el húmero y el fémur es del 74%. O bien era una especie muy alta, o bien su desarrollo ontogenético era más corto que en la actualidad y, por tanto, ya habría alcanzado su altura normal.


El Homo ergaster aparece como la más humana entre las especies primigenias del Homo. Aparte de su gran cerebro, esta especie presenta una estructura y proporciones entre los miembros que son similares a las de los humanos posteriores. Poco después del surgimiento del Homo ergaster una nueva forma de tallar la piedra hizo su aparición: el Achelense o Modelo 2. Es una forma de tallar la piedra mucho más elaborada que la del Modelo 1, incluye núcleos o grandes lascas con tallas por las dos caras llamados bifaces, como hachas de mano, los hendedores y los picos. Estos instrumentos muestran una gran estandarización en su confección y requieren una larga secuencia de gestos, incluyendo el giro del núcleo en la mano mientras va siendo golpeado por el percutor para extraer lascas. Las hachas de mano son bifaces simétricos con filos laterales que convergen hacia el extremo apuntado; probablemente eran utilizados como instrumentos de uso múltiple: cortar carne, trabajar la madera y quizás también para preparar pieles. La industria achelense más antigua que se conoce tiene cerca de 1,6 m.a. y procede del yacimiento de Olduvai.
III.1. La industria lítica
Los humanos no somos los únicos animales que utilizamos instrumentos, pero somos los únicos que realmente producimos instrumentos a partir de una forma que sólo existe en la mente y que imponemos a la piedra o a cualquier otro material. Además, somos los únicos que podemos fabricar un útil que no necesitamos inmediatamente, sino que prevemos que vamos a necesitar; es decir, nos anticipamos al futuro. Se sabe que los chimpancés son capaces de limpiar una ramita de sus hojas y usarla para conseguir hormigas de un hormiguero. Incluso algunos han llegado a fabricar esponjas mascando las hojas de los árboles para llevar agua a algún compañero herido. Pero sus acciones van encaminadas a conseguir objetivos inmediatos, carecen de gran capacidad de previsión.
Hay evidencias que demuestran que desde hace unos 2,7m.a. los miembros de la filogenia humana comenzaron a fabricar útiles de piedra, es decir, comenzaron a modificar la materia prima que encontraban a su disposición en la naturaleza. Para ello hace falta una configuración de la mano particular y un cerebro capaz de enviar los impulsos coordinados necesarios, además de haber ideado previamente dicha posibilidad. Es decir, para fabricar los útiles de piedra hace falta una anatomía de la mano determinada (la denominada pinza de precisión) y un desarrollo de la capacidad craneal. La simple fabricación de una herramienta de piedra requiere una acción intencionada, planificada, sincronizada y coordinada de numerosos músculos y controlada por el cerebro. Es posible que especies anteriores las fabricaran y sabemos que sus manos eran capaces de hacerlo aunque hay dudas acerca de si su cerebro habría sido capaz de coordinar todos los movimiento requeridos en la fabricación de herramientas. Pero solo podemos establecer con claridad la aparición de dichas herramientas cuando los restos fósiles así lo indican.
Los primeros utensilios de piedra se conocen como Olduvayenses o Modelo 1 y fueron fabricados por el Homo habilis. Consisten en cantos y rocas tallados sin forma estandarizada. Entre ellos se encuentran los Choppers (trabajados por una sola cara), los choppingn tools (tallados por las dos caras) y las lascas sin retocar. También usaban cantos y rocas sin modificar como martillos y yunques. Estos sencillos instrumentos de piedra proporcionan a sus fabricantes algo de lo que a causa de lo reducido de sus caninos carecían: un filo cortante. Aunque a primera vista parecen fáciles de fabricar sabemos que un gorila o un chimpancé no podría hacerlos. Las manos de los chimpancés no son adecuadas para manipular con precisión objetos pequeños debido al alargamiento de la palma y de todos los dedos, excepto el pulgar, que queda demasiado lejos del resto para poder realizar estas tareas. Además, es probable que la dificultad principal resida en que no tienen un cerebro lo suficientemente desarrollado como para poder coordinar tantos movimientos. No se ha visto a ningún chimpancé, ni en libertad ni en cautiverio, partiendo deliberadamente una piedra. Incluso se han realizado experimentos para tal fin sin éxito alguno. Aunque si se les ofrece una lasca o filo cortante la utilizan, es decir, parecen comprender su utilidad aunque no las confeccionen.

Es posible que la necesidad de filos cortantes surgiera cuando los primeros humanos comenzaron a consumir carne y precisaron de dichos filos, tanto para abrir la gruesa piel de los animales como para cortar tendones y trocear los músculos. Los animales consumidos por los humanos no necesariamente habrían sido cazados por ellos, sino que con frecuencia se trataría de una actividad de carroñar.
A lo largo de la evolución del homo esta industria se ha vuelto cada vez más compleja y estandarizada, lo que implica una mayor capacidad craneal y un proceso de aprendizaje.
Durante algo más de un millón de años apenas se modificaron estas primeras herramientas, es más, comenzamos a explorar el continente eurasiático con utensilios muy simples y poco diversos tal y como lo demuestran los yacimientos de Dmanisi o la Sima del Elefante en la Sierra de Atapuerca. Los restos allí hallados pertenecen al Modelo 1.
La primera revolución tecnológica sucedió en África hace algo más de 1,7 m.a. El volumen del cerebro de estos humanos se había incrementado aproximadamente un sesenta por ciento con respecto al de los australopitecos. La revolución consistió en planificar y estandarizar las herramientas en lugar de producirlas para un solo uso. Se crearon útiles más versátiles, que podrían ser reutilizados y transportados. Así nació el Modelo 2 o Achelense. Las herramientas características son los bifaces, hendedores y picos. Se trata de piezas talladas por las dos caras de manera intencionada y bien planificada con el objetivo de producir filos y puntas eficaces.

En esta nueva técnica se aprecia una selección intencionada de los materiales y el tamaño más adecuados a cada herramienta que junto con la planificación nos hablan de claros avances cognitivos. La tecnología achelense se extendió rápidamente por el este y el sur de África.
Las habilidades que se requieren para la fabricación de útiles son:
- Coordinación de los movimientos de la mano
- Propiocepción
- Inteligencia espacial
- Intencionalidad, planificación
Pero la pregunta que nos hacemos es si nuestra mayor capacidad cognitiva es el resultado de la interacción de nuestra mente con la fabricación de herramientas o de la interacción de nuestra mente con un ambiente cada vez más hostil.

III.2 El desarrollo de la capacidad craneal
Una de las características propias de la especie humana es su inteligencia, facultad por otro lado difícil de definir, pero que más o menos hace referencia a nuestra capacidad para resolver problemas y a ser conscientes del mundo que nos rodea y de nosotros mismos; hace referencia, claro está, a nuestra capacidad para fabular, crear, inventar o como queramos llamarlo. Podemos decir que algunos animales son inteligentes, el chimpancé y el delfín, por ejemplo, pero su capacidad intelectual es ínfima si la comparamos con la del hombre. En este apartado vamos a estudiar cómo ha evolucionado nuestra capacidad intelectual a lo largo del tiempo y qué factores han podido incidir en su espectacular desarrollo.
Nadie duda hoy en día de que la inteligencia está vinculada al encéfalo, órgano situado en la cavidad craneal y compuesto por el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo. El peso promedio del encéfalo humano es de unos 1250 gr. Para que nos hagamos una idea el peso del encéfalo del chimpancé es de unos 400 gr. y el de un gorila de 500 gr. (hay que tener en cuenta que el tamaño del encéfalo debe estar también en proporción al del cuerpo, de manera que especies más grandes han de tener cerebros más grandes). El encéfalo no fosiliza pero sí lo hace el cráneo y cuando se hallan restos fósiles de la cabeza es posible medir el volumen de la cavidad craneal lo que nos ayuda a hacernos una idea bastante aproximada del tamaño del encéfalo. Se ha comprobado que a una capacidad craneana de 1000cc le correspondería un encéfalo de 971 gr. con lo que se puede establecer una correlación bastante precisa entre la capacidad craneal y el peso de este órgano.

Factores que han podido incidir en el desarrollo de la capacidad craneal.
El consumo de carne
En 1891, sir Arthur Keith hizo una notable observación que pasó desapercibida. Este científico había notado que en los primates existía una relación inversa entre el tamaño del cerebro y el del estómago. En 1995 Leslie Aiello y Peter Wheeler propusieron una hipótesis explicativa para este fenómeno: dado que el cerebro es uno de los órganos más costosos en el metabolismo de los individuos (consume un 16% de la energía disponible), un aumento de su volumen sólo sería posible a cambio de la reducción de otro órgano con similar consumo de energía. En relación con su peso los órganos más costosos del cuerpo humano son: el corazón, los riñones, el cerebro y el conjunto formado por el tubo digestivo y el hígado. El ser humano tiene un cerebro bastante mayor de lo que corresponde a un primate de su tamaño; nuestro tubo digestivo es menor de lo que le corresponde prácticamente en la misma proporción.
Aiello y Wheeler concluyen que la expansión cerebral que se produjo en el Homo sólo fue posible por una reducción del tubo digestivo. La longitud de éste depende del tipo de alimento que se tenga que digerir; en los herbívoros es siempre mayor que en los carnívoros porque la carne es un alimento de fácil asimilación. Los herbívoros, por el contrario, necesitan largos tubos digestivos para poder metabolizar los vegetales que consumen.
Hace unos 2,5 m.a. se produjo un cambio climático que alteró profundamente el paisaje: ampliación de las extensiones herbáceas y sabanas en detrimento de los bosques. Dos nuevas especies se adaptaron a estos medios con estrategias diferentes: los parántropos y el Homo. Los primeros adaptaron su aparato masticador para consumir productos vegetales duros, sin embargo su cerebro no se desarrolló como lo hizo el del Homo. Este último aumentó su masa encefálica, dado que no aumentó su tasa metabólica basal (gasto energético global), esta encefalización fue a costa de la reducción de su aparato digestivo. Esto fue posible gracias a una modificación de su dieta: el aumento del consumo de proteínas de origen animal.
Este cambio en la dieta no tendría, por primera vez en la historia de los mamíferos, una traducción en la morfología dental. No nos encontramos en los humanos con dientes que funcionan como percutores para triturar huesos, ni con piezas que actúan como cuchillos para trocear la carne, porque los instrumentos necesarios para partir los huesos y cortar la piel y la carne son extracorpóreos y consisten en los útiles tallados por los humanos. La expansión cerebral del homo sólo pudo ser posible a cambio de una variación en la dieta, que a su vez se traduce en una reducción del tamaño del tubo digestivo y, correlativamente, del aparato masticador. Con esto no se ha dicho que un cambio en la dieta produjera automáticamente un aumento del tamaño del cerebro; sólo se dice que era necesario que nos hiciésemos carnívoros para poder ser inteligentes, aunque esto es como lo del huevo y la gallina, no se sabe que fue lo primero ya que los alimentos de alto rendimiento energético (como la carne) requieren de mayores capacidades para poder ser localizados.

Tamaño del cerebro y tamaño del grupo social.
Como hemos dicho el aumento del volumen cerebral comporta un cambio en la dieta, en la que se incluyen proteínas de origen animal. Estos recursos no se distribuyen de manera homogénea en el medio, ni son fáciles de obtener por lo que debió de aumentar el tamaño del territorio a recorrer y el tiempo de búsqueda.
Al mismo tiempo los ritmos de crecimiento de las crías, desde el Homo ergaster, son parecidos a los nuestros, lo que supone un periodo de dependencia infantil más prolongado. Todo esto implica que una madre difícilmente podría hacerse cargo ella sola de varias crías al mismo tiempo. Por lo que parece probable que el macho dedicara mucho más tiempo al cuidado de las crías que en otras especies. Sobre este hecho incidiría también la desaparición del estro (período de celo) en nuestra especie que favorecería uniones más duraderas entre machos y hembras debido a la desvinculación de la sexualidad de la reproducción. La mayoría de las especies solo copulan para procrear, el ser humano lo hace por puro placer. Esto último pudo influir en la disminución del dimorfismo sexual[1] dado que los machos no tienen que competir por las hembras al estar apareados durante largos periodos de tiempo. Todo esto ayudaría a crear un entorno social más protector y complejo.
Los paleoantropólogos creen que la expansión del cerebro está directamente asociada a un aumento de la complejidad social. Es decir, hay una relación muy estrecha entre la complejidad social de un primate y el tamaño del neocortex, que en los humanos representa la parte más grande del cerebro. Se ha observado que los mamíferos que viven en sociedades complejas tienen cerebros más grandes que los mamíferos solitarios de tamaño similar. Aiello y Dunbar han descubierto también que entre las diferentes especies de primates el tamaño relativo del neocortex respecto del resto del encéfalo está en función directa del tamaño de los grupos sociales que forman esas mismas especies. Sin embargo, no se ha encontrado una relación similar entre el tamaño relativo del neocortex y el tipo de vida, por lo que la teoría ecológica del origen de nuestra muy desarrollada inteligencia pierde fuerza respecto a la teoría social. Es decir, parece posible que el desarrollo del cerebro y de la inteligencia represente una adaptación a la vida social, un medio en el que uno tiene que cooperar y competir a la vez con los mismos individuos. Para prosperar en el medio social hace falta utilizar diversas tácticas que van desde la formación de alianzas con otros individuos, basadas en el parentesco o en el interés, hasta el engaño. Al vivir en grupo tenemos que analizar y tomar decisiones sobre un medio especialmente cambiante: la conducta de los demás miembros de nuestro grupo. Debemos tener una buena memoria para recordar la organización social del grupo: quién o quiénes mandan y cuáles son sus favoritos; debemos poder intuir las intenciones del prójimo, analizando su conducta y sus gestos, para poder adelantarnos a sus actos; y deberíamos poder representarnos mentalmente situaciones hipotéticas, valorarlas y actuar en consecuencia. Todo esto implica, en definitiva que tendrá más éxito el que «mejor cerebro» tenga.
[1] El dimorfismo sexual hace referencia a las diferencias en la fisionomía externa, como forma, tamaño y peso entre el macho y la hembra de una misma especie.
IV. Fuera de África
Aunque parece fuera de duda que nuestra especie, el Homo sapiens surgió en África y desde allí se extendió por todo el planeta, sin embargo no está claro qué grupo de nuestros antepasados fueron los primeros en vivir fuera de África y en qué momento salieron de allí. Aún quedan demasiadas incógnitas que nos permitan tener una imagen nítida de cómo fue este proceso. Parece más o menos claro que homínidos muy próximos tanto a Homo habilis como a Homo ergaster habrían salido de África hace unos dos millones de años. Por ahora los restos más antiguos se han encontrado en el yacimiento de Dmanisi, Georgia. Se les ha dado el nombre de Homo erectus, nombre genérico al que se atribuyen todos los restos fósiles de una determinada antigüedad encontrados en Asia. Los homínidos de Dmanisi tendrían una estatura de unos 150 cm., su cerebro alcanzaría un tamaño de entre 600 y 700 cc. Se cree que su evolución habría dado lugar a otros homínidos de Eurasia.
Uno de los yacimientos arqueológicos más importantes para el estudio de la evolución humana fuera de África lo encontramos en España por lo que vamos a conocerlo un poco mejor.



IV.1. Atapuerca
En Atapuerca situada cerca de Burgos se trabaja en uno de los yacimientos más importantes de Europa en restos fósiles de diversos miembros del género Homo. Continúan los trabajos en dicho yacimiento en la actualidad y debido a la enorme importancia de los hallazgos se ha creado en la ciudad castellana un museo de la evolución humana. Dos son los yacimientos más importantes del complejo de Atapuerca: la Gran Dolina y la Sima de los Huesos.
La Gran Dolina: en ella se ha hallado restos fósiles que se han atribuido a una nueva especie, el Homo antecesor.

Estos restos tienen entre 800.000 y un millón de años de antigüedad. Es el primer gran poblamiento hallado hasta ahora en Europa. Presentan rasgos antiguos en la dentición y un toro supraorbital muy desarrollado. Se ha calculada su capacidad craneal en 1000cc, un poco superior al de Homo ergaster. Unos de los restos encontrados pertenecen a un niño de unos 11 años conocido como «el niño de la Gran Dolina». Su cara presenta un aspecto bastante moderno, es decir con bastantes relieves, aunque se cree que la de sus mayores no lo sería tanto; en el Homo ergaster el esqueleto de la cara es todavía bastante plano. El conjunto de útiles encontrados junto a los restos fósiles pertenece al Modelo 1 lo que plantea un problema aún no resuelto: en el este de África encontramos el Modelo 2 desde hace aproximadamente 1.6m.a y en Israel también un poco después. Es decir, en la Gran Dolina se han hallado restos fósiles más recientes y modernos que el Homo ergaster pero con una industria lítica más primitiva, ¿cómo es esto posible?
Los fósiles humanos no ‘deberían’ estar en la Gran Dolina. Para que un hueso humano fosilice en una cueva haría falta que algo extraordinario sucediera. Tal vez que un carroñero, una hiena por ejemplo, transportara una parte de un cadáver humano o simplemente un hueso encontrado en el campo. Pero para que se acumulen los esqueletos de al menos seis individuos diferentes, las circunstancias tuvieron que ser aún más excepcionales: se trata de un festín caníbal.
Los restos humanos de la Gran Dolina aparecen mezclados con los de otros animales y bastante rotos. Algunos presentan estrías de corte producidas por el filo de un instrumento de piedra empleado con ánimo de separar la carne del hueso. Está claro que fueron descarnados y consumidos allí por otros humanos.

La Sima de los Huesos: Dentro de la sierra de Atapuerca encontramos otro gran yacimiento fósil: la Sima de los Huesos. Se han encontrado huesos de carnívoros y de seres humanos, unos treinta y dos individuos completos de unos 300.000 años de antigüedad, atribuidos a la especie Homo heilderbengensis (los antecesores de los neandertales). Entre los carnívoros hay: leones, lobos, linces, gatos, zorros y lo que más abunda son los osos, en concreto de la especie Ursus deningeri. Se cree que hay unos doscientos osos allí acumulados.
¿Cómo llegaron hasta la sima todos estos restos fósiles? Se supone que muchos osos caerían accidentalmente o morirían durante la hibernación. Los otros carnívoros probablemente caerían en la cueva atraídos por el olor a carroña pero ¿qué hacían allí los restos de treinta y dos individuos humanos? No debieron habitar allí puesto que no hay restos de industria lítica. Se apuntan dos hipótesis:
- Que algún tipo de acontecimiento catastrófico acabara repentinamente con sus vidas.
- Que otros seres humanos habían dejado caer allí los cuerpos de sus compañeros muertos. Se trataría entonces de la más antigua evidencia de una práctica funeraria. Esta hipótesis es la más aceptada.

Aun admitiendo esta hipótesis siguen existiendo dudas: ¿murieron todos más o menos a la vez o en un breve periodo de tiempo o sus cadáveres se acumularon allí lentamente? El análisis de las edades de los restos fósiles hallados en la Sima de los Huesos sugiere que alguna catástrofe, probablemente la escasez de recursos, acabó en poco tiempo con todos ellos.
IV.2 Los Neandertales
Los neandertales son la otra especie humana inteligente. Los primeros testimonios de la presencia del Hombre de neandertal aparecen con la última glaciación o tal vez al final del interglaciar inmediatamente anterior. Representan el tipo humano fósil mejor estudiado y del que se disponen de más restos. No eran muy altos, con un promedio de estatura masculina en torno a 170 cm y promedio femenino alrededor de 160 cm. Sin embargo, su complexión física era extraordinariamente robusta. Debieron tener mayor masa muscular que los hombres actuales. En promedio pesarían unos 70 Kg. incluidas las mujeres. El promedio de nuestra especie es de 58 Kg. Un buen ejemplo de esta fortaleza lo puede dar el fósil La Ferrassie 1 (Francia), probablemente masculino, al que con una estatura de 171 cm se le calcula un peso de 85 /90 Kg. de puro músculo. Algunos autores opinan que esta constitución maciza es una adaptación al frío. Se sabe que las poblaciones de una especie de sangre caliente que habitan en regiones frías tienden a tener un cuerpo más voluminoso que los que habitan en tierras cálidas. Esta forma del cuerpo minimiza la perdida de calor.
La capacidad craneal del hombre de neandertal era mayor que el de nuestra especie; su promedio era de unos 1500 cc., la media humana ronda los 1350 cc Ahora bien, es probable que el índice de encefalización fuese igual o ligeramente menor que el nuestro. En todo caso los neandertales y nosotros somos las dos formas humanas más encefalizadas de la historia. Sin embargo, esta expansión cerebral se produjo de forma independiente en los dos casos. Mientras el cráneo moderno es alto y de frente levantada, el cráneo de los neandertales se hizo muy alargado de delante hacia atrás. En relación con este alargamiento antero-posterior de la caja craneal, se produjo un estiramiento hacia atrás del occipital, formándose el característico abultamiento que se conoce como el «moño occipital» de los cráneos neandertales.
Presentan un toro suopraorbital fácil de reconocer: está regularmente curvado sobre las órbitas como un arco de circunferencia, tiene una sección redondeada y se continúa en el espacio entre las órbitas. Tienen unos huesos gruesos aunque esta característica la encontramos desde el Homo ergaster, salvo en nuestra especie en la que se ha producido un notable adelgazamiento de los mismos. Pero lo característico del neandertal es que tiene muy gruesos los huesos del cuerpo y no los de la cabeza como ocurría en las especies anteriores.
La cara: presentan prognatismo medio-facial. Ausencia de pómulos y por supuesto del mentón (típicamente humano). Poseen fuertes mandíbulas y frente huidiza.

La industria de los neandertales se llama Musteriense y se encuentra dentro del Modelo 3 o Paleolítico Medio. Este modo técnico se caracteriza porque mediante la talla se preparan los núcleos dándoles una forma determinada (similar al caparazón de una tortuga) para luego extraer a partir de ellos las lascas, que más tarde serán retocadas para proporcionarles el acabado final. Esta cadena operativa se conoce como técnica Levallois y de cada núcleo se obtienen varios instrumentos. Esta técnica supone una notable capacidad de abstracción ya que no se trabaja la piedra para producir directamente el instrumento. El Musteriense se extendió por Europa, Oriente Próximo y norte de África. Los orígenes del Modelo 3 se sitúan entre hace 300.000 y 200.000 años, según regiones (al parecer primero en el África Subsahariana y luego en Europa). Una vez más surge el problema de cómo llegó la técnica a Europa: ¿la trajeron gente llegada de África o se extendió sin grandes movimientos migratorios?
Los neandertales vivían en cuevas aunque también en campamentos al aire libre. Se observa una clara diferencia que continuará durante el resto del Paleolítico, entre los asentamientos de base en los que vivía la totalidad del grupo de una manera relativamente larga (toda una estación, por ejemplo) y las cuevas utilizadas de forma esporádica. También construyeron cerramientos o construcciones artificiales como medio de protección. La madera debió ser el material más usado para estas construcciones, aunque también utilizaban los huesos largos de los mamuts y de otros animales. El ejemplo mejor conservado es la cabaña Molodova I, una estructura oval de 10 por 7 metros con dos entradas y varios hogares en su interior.
Desde un punto de vista económico, con el Hombre de neandertal parece intensificarse el consumo de carne, aunque los productos vegetales continúan teniendo una importancia considerable en su dieta. Los restos de animales descubiertos en los lugares donde vivían y en los lugares de caza, denotan una tendencia a la especialización en las especies propias de su territorio. Predominan las piezas de tamaño mediano-grande como los caballos, los grandes bóvidos y también se han hallado rinocerontes y mamuts.
Estos primeros sapiens se organizaban en grupos reducidos más o menos autosuficientes. Se cree que estos grupos no estarían formados por más de treinta personas. El carácter limitado del área de captación de alimentos obligaba a una cierta movilidad, a desplazamientos temporales (probablemente siguiendo las migraciones de las manadas). El sistema de asociación sería el parentesco. Se cree que estos pequeños grupos de cuando en cuando entrarían en contacto unos con otros lo que facilitaría el flujo genético y cultural entre los grupos. Además de por su escaso número de miembros, los grupos se caracterizaban por su escaso crecimiento demográfico, con reducida esperanza de vida y una elevada mortalidad infantil.

Sabemos que usaban el fuego y enterraban a sus muertos. Se tiene certeza que de que sabían usar el fuego y lo hacían habitualmente por los restos de humo y objetos calcinados hallados en las cueva y en algunos campamentos. También se cree que efectivamente enterraban a sus muertos aunque los científicos no se ponen de acuerdo sobre si estos enterramientos se acompañaban de un ritual, es decir, de una ceremonia con un significado simbólico. Se ha encontrado en los enterramientos diversos objetos: las cuernas de una cabra montés, los huesos de un oso dispuestos ordenadamente en una fosa cubierta por una gran losa y restos de flores. Sabemos también que cuidaban de los ancianos y de los impedidos y enfermos. Todas estas prácticas los acercan mucho a nosotros. En un yacimiento francés, la Cueva del Reno, en Aray-sur-Cure, junto a restos de neandertales e industria chatelperroniense, se han encontrado dientes y huesos perforados o con surcos, es decir, preparados para ser colgados; también han encontrado cuentas y anillos de marfil, junto con fósiles marinos que se usaban para el adorno personal. Aunque el adorno personal es raro en los neandertales sí es característico del Homo sapiens. En la industria musteriense no hay muestras de adornos y sólo aparece en el chatelperroniense. La hipótesis más aceptada es que los cromañones fueron los primeros en usar estos adornos personales y los neandertales los imitaron. Aunque hay aún pocas certezas al respecto y las futuras investigaciones aportarán luz sobre estos asuntos. En nuestra especie hay restos de ADN neandertal lo que supone un intercambio genético entre las dos especies.
Los neandertales como tales existieron en Europa hace unos 230.000 años. Se cree que evolucionaron en Europa durante ciento de miles de años en condiciones de aislamiento geográfico y genético, y que en algún momento salieron de este continente y se expandieron por Asia central y Oriente próximo. Todavía quedaban neandertales en Europa hace 30.000 años, concretamente en la Península Ibérica. Son una especie típicamente europea aunque, como ocurre siempre en paleontología, nuevos hallazgos pueden hacernos cambiar de opinión. Desaparecieron en la fase más cruda de la última glaciación sin que estén claras las causas de su extinción.

Recientes descubrimientos apuntan a que los neandertales tuvieron un desarrollado pensamiento simbólico dado que se les atribuyen diversas pinturas rupestres, expresiones artísticas que hasta hace muy poco se atribuía exclusivamente al homo sapiens. Los dibujos analizados son una mano en negativo ejecutada hace al menos 67.000 años en la cueva del Maltravieso (Cáceres), un depósito mineral cubierto de pintura en una pared de la cueva de Ardales (Málaga) y un signo lineal realizado al menos hace 64.800 años en la cueva de La Pasiega (Cantabria). Son las obras de arte más antiguas conocidas hasta ahora y que no podemos atribuir al Homo sapiens puesto que no hay evidencias de la llegada de esta especia a España hasta hace unos 40.000 años.

V. El origen de la humanidad moderna
El origen del Homo sapiens, es decir nuestros orígenes hay que buscarlos entre los fósiles africanos de hace entre 600.000 y 250.000 años. Tanto los datos de la genética como de la paleoantropología muestran que nuestra especie es muy homogénea en sus características desde sus primeros representantes, lo que indica que procedemos de una población muy reducida que pertenecía a su vez a una especie más amplia y variada.
Para un buen número de paleoantropólogos como Gunter Bräuer y Christopher Stringer, los humanos modernos se originaron en África hace entre 300.000 y 100.000 años. A partir de esta cuna africana nuestra especie se expandió por el resto del viejo mundo y reemplazó a las distintas humanidades que habían aparecido como resultado de evoluciones locales, en condiciones de aislamiento reproductor. Otros defienden la denominada hipótesis multirregional. Creen que cada línea humana habría evolucionado independientemente y en paralelo con las otras dando lugar en todos los casos al Homo sapiens. Para justificar su hipótesis argumentan que habría existido un continuo flujo genético entre las poblaciones lo que habría hecho posible que todas confluyeran en la misma especie. La biología molecular parece confirmar que toda la humanidad procede de una única población que probablemente surgió en la zona sur de África. Las pruebas que dan a favor de esta tesis son:
- El ADN mitocondrial.
- El cromosoma Y
- El ADN molecular
El Homo sapiens fósil no es sólo una innovación desde el punto de vista físico, sino también cultural. Con él se produce un considerable avance en varios órdenes: progreso y racionalización tecnológica, estructuras sociales más complejas, tendencia a la especialización económica, aumento del número de evidencias de un comportamiento religioso y, sobre todo, desarrollo del arte.



Entre los caracteres físicos más notables de los primeros hombres modernos está su estatura, que alcanza la media de 1,65m. y supera el metro ochenta en algunos de los esqueletos de Cro-Magnon, que sería un Homo sapiens primitivo o arcaico. El cráneo es alto, con amplio desarrollo en relación a la cara y una capacidad craneana media de 1400cc (1710 en el hombre de Chancelade), que les sitúa tanto dentro de la variabilidad de los neandertales como la del hombre actual. Los arcos superciliares son fuertes, aunque no están unidos en visera como en el neandertal, por lo que no tenemos el toro supraorbital característico de esta especie. En general los huesos del Homo sapiens son mucho más ligeros que los de especies anteriores.
En aquellos yacimientos donde existen secuencias arqueológicas continuas se observa una sustitución brusca de la industria Musteriense (Modelo 3) por el Auriñaciense (propia del Homo Sapiens), la primera industria del Paleolítico Superior o Modelo 4. Técnicamente el Modelo 4 se caracteriza por la preparación de núcleos alargados para la obtención de lascas finas y de bordes paralelos y, al menos, dos veces más largas que anchas. Estas hojas eran luego retocadas y transformadas en una gran variedad de útiles. Esta técnica permitía el máximo de aprovechamiento de la materia prima obteniendo de cada piedra más longitud de filos cortantes que con cualquier otro método. El Modelo 4 se diferencia por la utilización del hueso, el marfil y el asta como materias primas para la confección de instrumentos y elementos de adorno personal. Asociadas a la industria del Modelo 4 aparecerá también el arte en forma de figuras transportables de animales y personas, y de pinturas y grabados rupestres. En algunos yacimientos de la cornisa cantábrica y el oeste y el centro de Francia hay intercalados entre los últimos niveles de Musteriense y las primeras de Auriñaciense, una industria que tiene características comunes a ambos modelos. Esta industria es el Chatelperroniense. El Auriñaciense se extiende por Europa hace unos 40.000 años. Los fósiles asociados al Modelo 3 son siempre neandertales y los asociados al 4 son humanos modernos. Los fósiles que se han hallado junto con la industria Chatelperroniense son neandertales.

Los seres humanos modernos no procedemos de los neandertales (aunque podemos encontrar en los seres humanos europeos restos de ADN neandertal) y, como ya hemos dicho, venimos de África. Hace unos 40.000 años, es decir, durante la última glaciación, llegaron a Europa unos inmigrantes africanos: el hombre de cromañón. Se cree que «convivimos» con los neandertales casi 10.000 años. Hace unos 40.000 años había ya humanos modernos en Cataluña y Cantabria, y miles de años después aun sobrevivían los neandertales al norte de los Pirineos. Es posible imaginar que las bolsas de población neandertal irían poco a poco reduciéndose hasta desaparecer. ¿Procede de esa convivencia la industria Chatelperroniense? Parece ser que sí. Los neandertales desaparecen definitivamente en la fase más cruda de la última glaciación.
Con el Homo sapiens se universalizan los ritos funerarios y el arte. Los ritos funerarios responden a la existencia de un comportamiento religioso, aunque siempre utilizando el término en su acepción más amplia, es decir, como conjunto de creencias en seres espirituales, generalmente en el espíritu de los muertos. Aparecen las tumbas con ajuares funerarios: adornos personales, armas, etc. Con ellos surge también los objetos dedicados al adorno personal: collares, cinturones, brazaletes que se colocaban en el cuerpo o se cosían a las pieles del vestido y del gorro. Muchas de las famosas venus paleolíticas iban colgadas del cuello de los cromañones. También decoraban sus útiles y armas. Los adornos más frecuentes eran: los caninos de zorros o de ciervo, incisivos de bóvido y conchas de moluscos. Las cuentas de los collares estaban fabricadas de hueso, marfil, asta de ciervo o piedra blanca. Al ser tan pequeñas y numerosas su elaboración debería ser muy costosa y lenta por lo que deberían tener un gran valor simbólico. Hay un enterramiento triple (un adulto y dos adolescentes, chico y chica) en Sungir, Rusia, de unos 28.000 años de antigüedad donde sólo en cuentas de marfil el adulto tiene 3000, el chico 5000 y la chica algunas más. El chico lleva, además, un cinturón de 250 caninos de zorro polar. La función de estos adornos no sería exclusivamente estética sino que sería indicativa de la filiación, posición social dentro del grupo, etc.

El homo sapiens en relativamente poco tiempo ha cambiado completamente su forma de vida y el planeta en el que vive. De las cabañas a los rascacielos, de la vida en pequeños grupos a la interconexión que nos permite Internet, de cubrirnos con pieles a la poderosa y peligrosa industria textil, de las relacionas más o menos igualitarias de los cazadores recolectores a los terribles totalitarismo donde el poder del Estado aplasta cualquier atisbo de crítica o disenso, de la economía de subsistencia a la obsesión por el consumo. Hemos crecido muchísimo como especie y año a año sigue aumentado nuestra población. La técnica y la tecnología han hecho y continúan haciéndolo nuestra vida más fácil pero también puede destruirnos como especie.
¿Por qué hemos hecho todo esto?, ¿cuál es nuestro futuro?, ¿qué papel representamos en el conjunto de la vida y del universo?, ¿debemos poner límites a nuestra especie?, ¿tiene sentido la vida? Todas estas preguntas (y muchas más que nos podemos hacer) no pueden ser resueltas exclusivamente por la antropología física, que es de la que nos hemos ocupado hasta ahora. Para seguir indagando en la pregunta fundamental: ¿Qué es el hombre?, debemos adentrarnos en la antropología cultural y filosófica.
Bibliografía:
ARSUAGA, J.L., MARTÍNEZ, I., La especie elegida. Madrid, Temas de Hoy, 1998
El enigma de la esfinge, Barcelona, Debolsillo, 2002
ARSUAGA, J.L., El collar del neandertal, Madrid, Temas de Hoy, 1999
AYALA, J.F., La naturaleza inacabada. Barcelona, Salvat, 1994
BERMUDEZ DE CASTRO, J.M., Dioses y mendigos, Madrid, Crítica, 2021
MOURE, A., El origen del hombre. Madrid, Historia 16, 1999
Si quieres saber más sobre alguno de los temas tratados te sugerimos que visites los siguientes enlaces:
Museo de la Evolución Humana https://www.museoevolucionhumana.com/
Para más información sobre el arte en la prehistoria puedes visitar la exposición que sobre este tema hay en el Museo del Hombre de París: https://www.museedelhomme.fr/fr/l-art-est-il-ne-dans-une-grotte
Sobre el yacimiento de Atapuerca:
Sobre los neandertales te recomendamos dos vídeos:

