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Filósofos presocráticos

La palabra «filosofía» procede del griego (puesto que surge en Grecia) y suele traducirse habitualmente como deseo de saber o amor al saber. Algunos interpretan que el filósofo es aquél que entiende la vida del hombre como inexorablemente vinculada al saber (no necesariamente en un sentido académico). Todos los hombres necesitan del saber, el filósofo es el que es consciente de la radical necesidad de ese saber, e indaga sobre él, sobre el ser de la cosas, lo que éstas son aunque no se obtenga ninguna certeza. Sócrates dirá que siendo todos los hombres en gran medida ignorantes el filósofo es el más sabio porque es el único que sabe que es ignorante.

El filósofo más antiguo del que se conservan obras completas es Platón. De los filósofos precedentes sólo poseemos:   
a) fragmentos que han llegado hasta nosotros mediante citas que de sus obras realizaron otros autores

b) referencias dadas por autores posteriores

Un ejemplo de esto último sería el siguiente texto de Plinio: «El primero entre los griegos que investigó las causas del eclipse fue el milesio Tales, quien predijo el eclipse de sol que se produjo durante el reinado de Aliates, en el cuarto año de la Olimpiada 48ª, año 170 desde la fundación de Roma.»                                                        

La mayoría de estos fragmentos y referencias nos han sido transmitidas por autores de época helenística. Estos autores, en la mayoría de los casos, tampoco conocieron directamente las obras de los presocráticos sino que dependen de fuentes anteriores. La principal de estas fuentes (que tampoco conservamos) es un escrito de Teofrasto un discípulo de Aristóteles. Teofrasto hizo la primera Historia de la Filosofía (desde Tales a Platón) como parte de la actividad enciclopédica que Aristóteles organizó. Escribió dieciséis o dieciocho libros de Opiniones físicas u Opiniones de los físicos. Otra fuente importante de información es el propio Aristóteles.

Aunque conozcamos poco de los autores presocráticos son importantes porque con ellos  y sus indagaciones se gesta la filosofía. Se diferencian de otros “escritores” en que intentan dar una explicación racional del Universo. Todas las culturas y pueblos conocidos se han preguntado por el origen del mundo, el curso de las estaciones y los fenómenos meteorológicos y por el sentido de lo que ellos mismos son y hacen.; pero sólo los griegos abandonaron una explicación mítica de estas cuestiones (basada en dioses antropomorfos que  representan las fuerzas de la naturaleza) y acometieron la aventura del pensamiento racional.

Antes de iniciar el breve estudio de estos autores hay que aclarar que no concibieron la existencia de nada sin una extensión espacial. Hasta Platón, todo lo que existe, todo lo que es real ha de tener una dimensión espacial o material. Nosotros podemos hablar, por ejemplo, de la justicia sin que busquemos un correlato espacial-material de la misma. Esta abstracción no surge en la historia del pensamiento hasta Platón.

Escuela de Mileto

 Poco sabemos con certeza de ellos aunque hay al menos dos datos que parecen seguros: los tres nacieron o vivieron en Mileto y los tres miraron al cielo en busca de datos y buscaron pautas que les facilitaran un ordenamiento del universo más inteligible. Tales y Anaximandro son casi contemporáneos aunque el primero debe haber nacido antes.

Tales: debió vivir entre el 640 y el 548-5 a. C. No se sabe si escribió o no alguna obra, desde luego si la escribió no parece haber llegado a tiempos de Aristóteles. Se le suelen atribuir dos proposiciones:

  1. que la tierra flota sobre el agua
  2. que el agua es el principio «arch» (arché), de todas las cosas.

Aunque no se tiene ninguna certeza sobre su autenticidad parece bastante improbable que usara el término «arch», al menos  en su sentido estrictamente filosófico.
Se le atribuye la medición de la altura de las pirámides y de la distancia de las naves en alta mar, la división del círculo por el diámetro en dos mitades iguales por lo que parece que usó la regla y el compás.

Hazañas que se le atribuyen: dividió un río para poder cruzarlo con el ejercito. Como lo injuriaban por su pobreza y por la inutilidad de su actividad se dice que gracias a sus conocimientos de astronomía predijo una buena cosecha de aceite, invirtió en prensas y las alquiló cuando se produjo la gran cosecha.

Escritos que se le atribuyen: Astronomía, Náutica, Sobre el cielo, Sobre el equinoccio aunque, como ya hemos dicho antes hay serias dudas de que escribiera alguna obra.

Anaximandro: 618/10-548/5 a.C. Se cree que fue el primero en componer una obra en prosa: Sobre la naturaleza aunque se duda sobre la autenticidad del título.

El principio de las cosas es lo apeirou (ápeiron) que significa  «Infinito». Este infinito no hay que entenderlo en el sentido matemático que le solemos dar en la actualidad. En el lenguaje arcaico la sustantivación del adjetivo ápeiron, aplicado por Homero a la tierra y al mar para sugerir la imposibilidad de recorrerlos por completo y quizás también su profundo misterio, parece indicar algo omniabarcante y, por eso mismo, innombrable; tó ápeiron es el Todo y por ello nada hay fuera de él: todo nace, vive y muero en él  Este áperiron también puede significar lo infinito como divino e inmortal. «Lo Infinito» de Anaximandro no es algo ilimitado como lo malinterpreta Teofrasto: ápeiron se dice de la tierra y el mar, cuyos límites la literatura arcaica menciona una y otra vez. Es un todo de profundidad insondable en el cual Anaximandro descubre fuerzas en movimiento opuestas, movimientos opuestos que parecen estar implicados en un movimiento único y sujeto a leyes similares a las que implantaron el orden en la sociedad.

Probablemente Anaximandro ha hecho el primer intento serio de descripción del orden cósmico, incluido el firmamento y también la formación del mismo, esto es una descripción cosmogónica aunque carente de la figuras mitológicas de Hesíodo. Según Eudemo, Anaximandro no solo ha ordenado los planetas sino que además fue el primero en hablar de tamaños y distancias de los cuerpos celestes.

Anaximandro figura como el inventor o introductor del reloj de sol en Grecia (aunque nuevamente carecemos de certeza alguna), del cálculo de los solsticios y equinoccios y como el primero que confeccionó un mapa de la tierra conocida por los griegos. Sobre estas referencias quizás sí podamos conjeturar dos cosas:

  1. Un afán por medir el universo y sus partes, es decir, por buscar un orden en el mundo por hacer del mundo un cosmos
  2. Ver en el mundo un proceso con determinadas fases, es decir con un sentido.

Anaxímenes: 588/7-528/5 a.C. Nada sabemos acerca de su vida y de sus actividades.

Se cree que sostuvo que a partir del aire se generan todas las demás cosas por condensación y rarefacción. Al parecer sostuvo que la tierra era ancha, plana y poco profunda.

Pitágoras y el pitagorismo

Sobre el pitagorismo y su fundador la tradición es más prolija cuanto más nos alejamos en el tiempo de ambos. Antes de Sócrates las referencias a estos autores son mínimas: cuatro versos de Jenófanes en tono burlón; dos fragmentos de Heráclito, seis versos de Empédocles, cuatro de Ion de Quios y una referencia de siete palabras en que hablaría de Pitágoras. En el caso de Pitágoras suele haber más biógrafos que doxógrafos y la causa de esto parece estar en la poca atención que Aristóteles prestó a Pitágoras y sus seguidores. Las principales biografías de Pitágoras son:

  • La de Diógenes Laercio, del siglo II, III d. C.
  • Porfirio, que vivió entre el 233-305 d.C.
  • Jámblico que es del siglo IV d. C. y que es la más extensa de todas

A esto debemos añadir el hecho de que tras los “últimos  pitagóricos” que conoció Aristóxeno (discípulo de Aristóteles, siglos IV-III a.C.) se produjo un reavivamiento del pitagorismo, acaso con carácter más intelectual y escolar que vital, al menos en los siglos anteriores a Cristo. Debido a esto se confeccionaron numerosos manuales pitagóricos (en realidad pseudopitagóricos) con ideas bastante heterogéneas pero que pretendían continuar con el pitagorismo antiguo; para darle mayor credibilidad se emplearon nombres de pitagóricos de renombre como Arquitas, Filolao, Timeo Locro.

Como muestra de lo dicho veamos la siguiente narración sobre el nacimiento de Pitágoras

«…Mientras sus conciudadanos le atribuían [a Pitágoras] tan noble origen, un poeta nacido en Samos decía que era hijo de Apolo, con estas palabras:

“Pitágoras, quien fue concebido de Apolo, amado de Zeus, por Pites, que, entre las mujeres de Samos era la más bella”.

Hasta dónde se difundieron estas palabras, es digno de narrarlo. Cuando este Mnemarco de Samos, en viaje de negocios, llegó a Delfos acompañado de su esposa -cuyo embarazo no era notorio-, la pitonisa le predijo, por medio de un oráculo, que el viaje marítimo a Siria habría de ser acorde con sus deseos y provechoso, y que su esposa, embarazada, daría a luz un niño que sobresaldría en belleza y sabiduría por todos los tiempos, y que durante toda su vida habría de ser la mayor ayuda para el género humano.

Mnemarco llegó a la conclusión de que el dios no le habría profetizado algo acerca del niño –sobre el cual nada le había preguntado- si no fuera a tratarse realmente de un privilegio excepcional y de un don divino; e inmediatamente cambió el nombre de su esposa Partenis por el de Pites, por causa del hijo y de la profetisa.

Y cuando, ya en Sidón, en Fenicia, ella dio a luz llamó al hijo recién nacido Pitágoras, por que el [dios] Pitio se lo había anunciado. Debe rechazarse pues la conjetura de Epiménides, Eudoxo y Jenócrates, de que Apolo había dormido con Partenis y que ésta había quedado embarazada sólo a partir de ese momento, y tras haber llegado a ese estado, se lo predijo la profetisa. Y esto no puede admitirse de ningún modo.

Ahora, que el alma de Pitágoras haya sido conducida por Apolo, fuera como acompañante o subordinada de alguna otra manera más familiar a este dios, y así haya descendido hasta los hombres, es algo que nadie discutiría, al apreciar tanto este nacimiento de él como la sabiduría de su alma en todo sentido. Hasta aquí cuanto concierne a su nacimiento» Jámblico, V. P. II 3-8; citado por Conrado Eggers Lan y Victoria E. Luliá en Los filósofos presocráticos, Madrid, Gredos, 1978, pp. 158-159

Pitágoras y la escuela pitagórica

Es poco lo que sabemos sobre su vida. Nació en Samos, al parecer viajó a Egipto y Babilonia (aunque algunos autores cuestionan seriamente estos viajes). Vivió en Crotona (sur de Italia) donde fundó su escuela. Debió morir sobre el 500 a. C. Según Diógenes Laercio alcanzó su madurez (acmé) en la 60ª Olimpíada (540-536 a.C.)

El conocido Teorema de Pitágoras se usaba ya en Babilonia unos cuantos siglos antes de que naciera Pitágoras. Al parecer tampoco debemos a él su demostración, puesto que no se conoce ninguna demostración deductiva antes de Parménides.

También se suele atribuir a este autor la doctrina de la trasmigración de las almas. Pero la aceptación de esta doctrina supone la dualidad cuerpo alma y sobre esta dualidad no hay testimonios hasta el segundo cuarto del siglo V a. C.

Platón testimonia la existencia en el siglo IV a.C. de un modo de vida pitagórico en Atenas. Isócrates describe este modo de vida con rasgos religiosos o al menos rituales.

    «En tiempos de éstos, [es decir, los atomistas], y aun antes, los llamados pitagóricos cultivaron las matemáticas y fueron los primeros en hacerlas avanzar; y entrenados en ellas, creyeron que los principios de ellas eran principios de todas las cosas existentes. Ahora bien, puesto que los números son por naturaleza, los primeros de ellas, y en los números les parecía contemplar muchas semejanzas con las cosas que existen y con las que se generan, más que en el fuego, en la tierra y en el agua (puesto que tal propiedad de los números [constituía para ellos la] Justicia, mientras tal otra el alma y el intelecto, otra la oportunidad y análogamente con cada una de las demás cosas, por así decirlo), y tras ver en los números las propiedades y relaciones de la escala musical; y, en fin, puesto que las demás cosas, en toda su naturaleza, parecían asemejarse a los números y que los números [parecían ser] los primeros de toda la naturaleza, supusieron que los elementos de los números eran los elementos de todas las cosas existentes, y que todo el cielo era armonía y número. Y cuantas concordancias podían mostrar en los números y en las armonías en relación a las propiedades y partes del cielo y en relación al ordenamiento cósmico íntegro, las reunían y adecuaban a éstas. Y si se producía algún vacío, los apremiaba el deseo de tener una obra coherente…También parece que estos consideraban que el número era principio, tanto en cuanto materia de las cosas existentes como en relación con [sus] propiedades y estados, mientras los elementos del número son lo par y lo impar: uno [lo par], limitado, otro [lo impar], infinito, y lo uno proviene de ambos (es, en efecto, tanto par como impar); el número, por su parte, [proviene] de lo uno; y que todo el cielo es, como se ha dicho, números.

   Ahora bien, otros de ellos dicen que hay diez principios, que se ordenan en columnas paralelas:

límite e infinito

impar y par

             uno y multiplicidad

derecha e izquierda

macho y hembra

       en reposo y en movimiento

   recto y curvado

    luz y tiniebla

    bueno y malo

      cuadrado y oblongo»

Aristóteles, Metafísica I, 5, 985-986ª

Como se puede comprobar las matemáticas de las que según Aristóteles se ocupan los pitagóricos no poseen un carácter científico. A pesar de todo Aristóteles parece distinguir tres grupos: a) los pitagóricos que veían en los números los principios del cosmos, de un modo formal, como en la escala musical; b)los que lo veían de un modo material, con dos elementos: lo par (limitado) y lo impar (infinito); c) los que establecen diez parejas de principios en columnas paralelas.

De lo poco que sabemos sobre el descubrimiento de lo irracional nada podemos decir con certeza en relación a los pitagóricos.

Normalmente los historiadores de la filosofía solían atribuir una influencia de las tesis pitagóricas en la filosofía platónica aunque autores recientes apuntan más bien hacia una platonización del pitagorismo.

Tampoco sabemos demasiado acerca del pitagorismo. Parece que Pitágoras fundó en Crotona una especie de hermandad o asociación religiosa. Al parecer dicha comunidad debía mantener en secreto sus enseñanzas y su modo de vida, lo que explicaría la falta de testimonios, al menos en sus primeros años de existencia. Se cree que tenía prohibido comer ciertos alimentos, entre ellos las habas, y ser enterrados con ropa de lana.

Es probable que tras la muerte de Pitágoras su escuela se dividiera en dos sectas o corrientes una, la de los llamados acusmáticos que mantuvieron los aspectos místico-religiosos de la doctrina y, otra, la de los matemáticos que se dedicaron más a este campo del saber.

Heráclito

Nació y vivió en Éfeso y su acmé se data en torno al 500 a. C. Se ganó ya en la Antigüedad el epíteto de «el oscuro». Escribió en prosa y su estilo es sentencioso y aforístico. A esto debemos añadir el uso continuo de la alegoría o de símbolos, así como un deje irónico. Algunos interpretan a Heráclito como un físico o cosmólogo, otros lo ven más interesado en cuestiones ético-metafísicas o ético-religiosas.

Para Heráclito lo supremo «quiere y no quiere ser llamado Zeus»; esto se interpreta en el sentido de que quiere ser la deidad suprema pero no identificarse con el Zeus de la mitología griega tal y como lo describen los poetas. Este principio supremo se hace escuchar -no en sentido auditivo- a los hombres como logoz (Logos), aunque muchos no lo entienden y actúan como si estuvieran dormidos, sumidos en su propio mundo; sólo para los despiertos el mundo es común.

Al parecer Heráclito creyó que todo el Universo estaba organizado de acuerdo a un plan o medida, logos. Todas las cosas aunque plurales en apariencia están, en realidad,  unidas en un complejo coherente del que los hombres mismos formamos parte y cuya comprensión, por tanto, es necesaria para vivir adecuadamente.

Para Heráclito la sabiduría consiste en entender el modo en que opera el mundo. La sabiduría consisten en entender al logos, es decir, lo que hay de común en la disposición de la cosas y en su aparente diversidad y oposición.

Selección de textos:

«Aunque esta razón existe siempre, los hombres se tornan incapaces de comprenderla, tanto antes de oírla como una vez que la han oído. En efecto, aun cuando todo sucede según esta razón, parecen inexpertos al experimentar con palabras y acciones tales como las que yo describo, cuando distingo cada una según la naturaleza y muestro cómo es; pero a los demás hombres les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos, del mismo modo que les pasan inadvertidas cuantas hacen mientras duermen»

«Por lo cual es necesario seguir a lo común; pero aunque la razón es común, la mayoría viven como si tuvieran una inteligencia particular»

«Este mundo, el mismo para todos, ninguno de los dioses ni de los hombres lo ha hecho, sino que existió siempre, existe y existirá en tanto fuego siempre vivo, encendiéndose con medida y apagándose»

«Uno, lo único sabio, quiere y no quiere ser llamado con el nombre de Zeus»

«Mucha erudición no enseña comprensión; si no, se la habría enseñado a Hesíodo y a Pitágoras y, a su turno, tanto a Jenófanes como a Hecateo»

«El pueblo debe combatir más por la ley que por los muros de su ciudad»

«Cuando se escucha, no a mí sino a la Razón, es sabio convenir en que todas las cosas son una»

«El dios: día noche, verano invierno, guerra paz, saciedad hambre; se transforma como fuego que, cuando se mezcla con especias, es denominado según el aroma de cada una»

«Como una misma cosa está en nosotros lo viviente y lo muerto, así como lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo; pues éstos, al cambiar, son aquellos, y aquellos, al cambiar, son éstos»

«El Señor cuyo oráculo está en Delfos, no dice ni oculta, sino indica por medio de signos»

«Para el dios todas las cosas son bellas y justas, mientras los hombres han supuesto que unas son injustas y otras justas»

«Malos testigos son para los hombres los ojos y los oídos cuando se tienen almas bárbaras»

«El comprender es la suprema perfección, y la verdadera sabiduría hablar y obrar según la naturaleza, estando atentos»

Parménides

Sabemos que nació y vivió en Elea, una polis de la Magna Grecia. Debió vivir en la primera mitad del siglo V.

 Escribió una sola obra y en verso (en hexámetro homérico), en un lenguaje oscuro y de difícil interpretación. Se conservan 19 fragmentos del poema dos de los cuales son extensos: uno de treinta versos y otro de sesenta y uno. El primero de estos textos es una especie de proemio donde se nos anuncia que a lo largo del poema se va a hablar de dos cosas: de la Verdad y de las opiniones de los hombres. El conjunto de la obra aparece como una revelación de la diosa, quien anuncia a Parménides que debe conocer tanto la verdad como las opiniones de los hombres. No está claro que valor hay que otorgarle a la segunda parte de poema, la dedicada a las opiniones de los hombres, puesto que se supone que la Verdad ha sido expuesta en la primera. Cualquiera que sea el motivo que le llevó a exponerla parace que ejerció poca influencia en los filósofos posteriores.

Podemos decir que Parménides es el primer metafísico puesto que habla por vez primera, del ser, de la realidad, denominándola «lo que es» o «lo ente». Hay que señalar, para la correcta interpretación de este autor y de toda la filosofía griega, que el verbo griego para expresar el ser no distingue entre ser y existir. Parménides concibe «lo que es» como lo presente, entiende la realidad como presencia, como lo permanente, frente a la cual queda devaluado el movimiento de transformación, generación y muerte. «Es necesario decir y pensar lo que es; pues es posible ser, mientras a la nada no le es posible ser.» (Simplicio, Física, 86, 27-28) «Pues jamás se impondrá esto: que haya cosas que no sean» (Platón, Sofista, 258d). Lo que es, la realidad no nace ni muere, y es una y compacta, presencia pura, íntegra e inmóvil. Las características de lo real implican que esto es un todo perfecto y continuo, sin fisuras. Es perfecto porque nada le falta (si es la realidad nada puede estar fuera de ella). Esto no debe ser entendido en sentido espacial ni temporal. Cuando Parménides nos dice que «lo que es» es como una esfera bien redonda ha de ser interpretado en un sentido metafísico, no material. La comparación con la esfera sólo puede tener el sentido de hacer gráfica la uniformidad y perfección de lo real.

    «Pues bien, te diré, escucha con atención mi palabra, cuáles son los únicos caminos de investigación que se puede pensar; uno: que es y que no es posible no ser; es el camino de la persuasión (acompaña, en efecto, a la Verdad); el otro: que no es y que es necesario no ser. Te mostraré que este sendero es por completo inescrutable; no conocerás, en efecto, lo que no es (pues es inaccesible) ni lo mostrarás» (Simplicio, Física, 116, 28-32-117, 1) «Se debe decir y  pensar lo que es; pues es posible ser, mientras a la nada no le es  posible ser.» (Simplicio, Física, 86, 27-28). «Pues jamás se impondrá esto: que hay cosas que no sean.» (Platón, Sofista, 258d). Es decir, sólo se puede pensar lo que es.

Selección de textos

«Pues bien, te contaré (y tú, tras oír mi relato, trasládalo) las únicas vías de investigación pensables. La primera, que es y no es No-ser, es el camino de la persuasión (pues acompaña a la Verdad); la otra, que no es y es necesariamente No-ser, ésta, te lo aseguro, es una vía totalmente impracticable. Pues no podemos conocer lo No-ente (es imposible) ni expresarlo; pues lo mismo es el pensar y el ser.»

«Un solo discurso como vía queda: es; en éste hay muchos signos de que lo ente es ingénito e imperecedero, pues es completo, inmóvil y sin fin. No fue en el pasado, ni lo será, pues es ahora todo a la vez, uno, continuo. Pues ¿qué nacimiento le buscarías? ¿Cómo, de donde habría nacido? Ni voy a permitir que digas o pienses “de lo no-ente”; pues no es decible ni pensable que no es. Pues ¿qué necesidad le habría impulsado a nacer después más bien que antes, si procediera de la nada? De modo que es necesario que sea absolutamente o no. Ni la fuerza de la verdad permitirá que de lo no-ente nazca algo a su lado; por eso la Justicia no permite ni que se engendre ni que perezca, aflojando sus cadenas, sino que las mantiene firmes; la decisión sobre estas cosas se basa en eso: es o no es. Pero se ha decidido, como es necesario, abandonar a (una vía) como impenetrable y sin nombre (pues no es la vía de la verdad) y que la otra es real y verdadera. ¿Cómo podría lo ente después de eso perecer? ¿Cómo podría nacer? Pues si nació, no es, ni ha de ser alguna vez. Por tanto, queda extinguido el nacimiento e ignorada la destrucción.»

Empédocles

Aunque no lo sabemos con exactitud parece ser que murió entre el 434-431 a.C. Era natural de Acragas (Agrigento) y se cree que vivió unos sesenta años. Sobre su vida existen numerosas leyendas y parece ser que el propio Empédocles se atribuía poderes mágicos y curativos. Ejerció como médico y fue además un gran orador y poeta.

Compuso al menos dos poemas: Sobre la naturaleza (aunque se duda sobre la autenticidad del título) y Purificaciones. Sobre éste último hay disputas acerca su temática. Según Diógenes Laercio en su totalidad ambas obras constarían de cinco mil versos.

La influencia de Parménides es patente es nuestro autor, No sólo porque las tesis de Empédocles constituyen una adhesión o una respuesta a las del eléata, sino porque incluso muchos versos de Empédocles usan el vocabulario específico de Parménides. Éste había sostenido que lo real no puede proceder de lo no real (el ser del no-ser), ni la pluralidad de la unidad. Empédocles está de acuerdo con Parménides en todo esto, sólo que en vez de partir de un único principio eterno para explicar la totalidad de lo real parte de cuatro “raíces” eternas. Todos los seres está formados de estas cuatro raíces y el nacimiento, la muerte o el cambio no son más que uniones, disoluciones o reordenaciones de estas cuatro raíces.

Su descripción del universo es como sigue: El Universo es cíclico y consta de cuatro estadios, dos extremos representados por el dominio del Amor y de la Discordia respectivamente, y otros dos de transición entre uno y otro. “El Esfero” o “Lo Uno”, ambos términos empleados por Empédocles, representa el estadio de absoluta unidad y reposo. Las cuatro raíces se hayan unidas sin distinción posible por el influjo del Amor. Esta unidad homogénea de lo esfero se ve alterada por la irrupción de la Discordia u Odio y empieza la separación y diferenciación de las cuatro raíces: tierra, agua, aire y fuego. A partir de sus combinaciones (pues aún perdura la fuerza del amor) surgen todos los seres del universo. Estas cuatro raíces son inmutables como el ser de Parménides y eternas (no generadas). Todo llegar a ser o dejar de ser no es más que la unión o disociación de estos elementos. Cuando llegue a su predominio absoluto la Discordia las raíces estarán totalmente separadas las unas de las otras.

Como vemos resuelve la aporía a la que nos llevaba el sistema parmenídeo, a saber, que el cambio, el movimiento, el nacimiento y la muerte no son reales puesto que no los podemos explicar aunque lo observemos día a día.

Selección de textos

Sobre la naturaleza

«Y te diré otra cosa: no existe nacimiento de ninguno de los seres mortales, ni tampoco un fin en la funesta muerte, sino que solamente la mezcla y el intercambio de lo mezclado existen, y esto es llamado nacimiento por los hombres»

«Y éstos, cuando mezclados en forma de hombre llegan a la luz del éter, o en forma de un tipo de fiera salvaje, o de arbusto o de pájaro, a esto lo llaman entonces nacer,  y cuando se separan, a esto a su vez lo llaman muerte desdichada. No usan los nombres con justicia, y aun yo mismo me expreso así por la costumbre»

«Pues es imposible que algo llegue a ser a partir de lo que no es, y es irrealizable e inconcebible que perezca lo que es, porque siempre estará allí donde pueda ser ubicado por cualquiera en toda ocasión»

«…Pero vamos, oye mi relato, pues la enseñanza hace crecer la mente. Como ya dije antes al indicar los confines de mi relato, algo doble diré: Una vez creció hasta ser Uno solo desde muchos, y otra vez se separó hasta ser muchos desde Uno: fuego, agua, tierra y la inmensa altura del aire, y el funesto Odio separado de ellos, igual en todo respecto, y la Amistad entre ellos, semejante en largo y en ancho.»

Purificaciones

«Oh amigos, que en la gran villa que mira al rubio Agrigento habitáis, en las alturas de la ciudad, dedicados a nobles tareas, venerables puertos para los extranjeros, ignorantes del mal, os saludo. Yo, dios inmortal para vosotros, ya no más mortal, voy honrado por todos, tal como lo merezco, coronado con cintas y con floridas guirnaldas. Cuando llego a las villas florecientes, por ellos, hombres y mujeres, soy adorado. Y me siguen a miles preguntándome dónde está el camino que lleva al beneficio, los unos requiriendo vaticinios, los otros, para las enfermedades más diversas buscan escuchar una palabra curativa, pues desde hace tiempo están atravesados por arduos [dolores].»

«Hay un oráculo de la Necesidad, antiguo decreto de los dioses, eterno, sellado con vastos juramentos, [que dice]: Cuando alguien pecaminosamente mancha sus miembros con sangre derramada o, errado [por causa del Odio] emite un vano juramento, éstos, espíritus que tienen asignada una larga vida, por treinta mil estaciones deben vagar lejos de los Bienaventurados, naciendo a lo largo del tiempo bajo todo tipo de figuras mortales que truecan uno por uno los penosos rumbos de la vida. Pues el vigor del éter los empuja hacia el mar, el mar los escupe hacia el suelo terrestre, la tierra a los rayos del sol resplandeciente, y éste los lanza a los torbellinos del éter: uno los recibe del otro, pero todos los aborrecen. Yo también soy ahora uno de ellos, exilado de los dioses y vagabundo, por haber confiado en el furioso Odio.»

«¡Ay! Oh raza miserable de los mortales, del todo desventurada, de qué discordias y lamentos habéis nacido»

Anaxágoras

Creemos que su vida transcurrió entre el 500/497 a. C. y el 428 a. C. Era natural de Clazómenas, pasó parte de su vida activa en Atenas y estuvo íntimamente vinculado a Pericles. Fue acusado de impiedad y procesado, entre otras cosas, por afirmar que el sol es una piedra incandescente y no un dios. Sabemos que escribió una obra que, según nos cuenta Platón en la Apología de Sócrates, se vendía por un dracma.

Como en el caso de Empédocles, Anaxágoras parte del presupuesto parmenídeo de que el ser no puede surgir del no-ser, es decir, no existe la creación absoluta, ni la muerte absoluta. Para nuestro autor, como no es posible la transformación de una cosa en otra, en todo tiene que haber de todo. Es decir, en cada cosa hay una combinación de todas las demás. Así, por ejemplo, en una pepita de oro no sólo hay oro sino todas las demás cosas que existen en el Universo. ¿Por qué  cuando me tomo un bocadillo de jamón éste se transforma en carne, hueso, pelo, etc.? Porque en el jamón y en el pan hay de todo eso, lo que ocurre es que prima más la parte que hay de jamón en el jamón y de harina en el pan.  Es decir, en todo hay de todo y el nacimiento, la muerte y el cambio sólo son reagrupaciones o disoluciones de las cosas. Hay que tener en cuenta, además que por mucho que dividamos las cosas jamás obtendremos algo puro, por muy pequeña que sea una cosa siempre habrá de todo en ella.

Al principio todas las cosas estaban juntas y es por influjo del Noûs, que se suele traducir por Mente o Intelecto, por lo que empiezan a separarse y a iniciarse un cierto orden en esa confusa mezcla inicial. Para Anaxágoras el Noûs es una cosa, aunque sea la más sutil y pura de las cosas. No está mezclada con nada. No es algo espiritual sino corpóreo.

Al parecer sostuvo que la Tierra tenía forma plana. Dijo que el sol era una piedra incandescente y que todos los astros, en general son piedras también. Sostuvo que la luz de la luna procede del sol.

Selección de textos:

«Todas las cosas estaban juntas, infinitas tanto en cantidad como en pequeñez, pues también lo pequeño era infinito. Y cuando todas las cosas estaban juntas, nada era manifiesto, a causa de la pequeñez. El aire y el éter sujetaban a todas las cosas, por ser ambos infinitos; en efecto, tales son las cosas más grandes que hay en el conjunto, tanto en cantidad como en tamaño.»

«Y dado que las partes de lo grande y de lo pequeño son iguales en cantidad, así también deben estar todas las cosas en todo. Y no se puede existir separadamente, sino que todas las cosas participan en una porción de todo. Puesto que no puede existir lo mínimo, no podría estar separado ni llegar a ser en sí mismo, sino, como al principio, también ahora existen todas las cosas juntas. En todas las cosas hay muchas cosas, iguales en cantidad en las más grandes y en las más pequeñas de las que se separaron.»

«Las demás cosas tienen una porción de todo, pero el intelecto es infinito, autónomo y no está mezclado con cosa alguna, sino que está solo en sí mismo. En efecto, si no existiese por sí mismo, sino mezclado con cualquier otra cosa, estaría mezclado con todas las cosas, si estuviera mezclado con alguna. Pues en todo hay una porción de todo, como ya lo he dicho antes; y las cosas mezcladas le impedirían prevalecer sobre ninguna cosa de un modo similar al [que lo hace] en tanto existe solo por sí mismo. Pues es la más sutil y pura de todas las cosas, y cuenta con pleno conocimiento y tiene la mayor fuerza. Y cuantas cosas poseen alma, las más grandes y las más pequeñas, a todos domina el intelecto. Y el intelecto dominó la rotación del conjunto, de modo que rotase al principio. Y primeramente comenzó a rotar desde lo pequeño, y rota más, y rotará más aún. Y las cosas que estaban mezcladas y que se separan y dividen, a todas las conoce el intelecto. Y cuantas cosas que estaban a punto de ser y cuantas eran, que ahora no son, y cuantas ahora no son y serán, a todas el intelecto las ordenó cósmicamente, y a esta rotación, en la que rotan ahora los astros, tanto el sol como la luna, y también el aire y el éter que se separan. Esta rotación misma hizo que se separaran: y se separa de lo raro lo denso, y de los frío lo caliente, y de lo oscuro lo brillante, y de lo húmedo lo seco. Y hay muchas porciones de muchas cosas. Pero por completo nada se separa ni se divide una cosa de la otra, excepción hecha del intelecto. Y el intelecto es todo homogéneo, tanto el mayor como el menor. Pero de lo demás nada es semejante a nada, sino que cada cosa es y era manifiestamente aquello de lo que más hay.»

«Los griegos no consideran rectamente ni el nacer ni el perecer. Pues ninguna cosa nace o perece sino que, a partir de las cosas que existen, hay combinación y separación. De modo que, [para hablar] correctamente, deberían llamar al nacer combinarse y al perecer separarse»

Los atomistas: Leucipo y Demócrito

Los atomistas se enfrentaron al mismo problema que Anaxágoras y Empédocles: explicar el origen del mundo sin hacer surgir la pluralidad de lo real de una unidad original, sin admitir la llegada al ser o el cambio de cualquier ser real. Mientras que Anaxágoras resuelve el problema haciendo a la materia ilimitadamente divisible, los atomistas afirman que la materia está compuesta de mínimos indivisibles. Mientras que Anaxágoras dice que toda la variedad de lo real existe desde siempre, los atomistas afirman que todas las cosas están formadas por los mismos elementos: los átomos. La variedad de lo real se debe a las diferencias de tamaño, forma y orden de los átomos.

No se sabe que parte de las tesis atomistas corresponden a Leucipo y cuales a Demócrito así que las expondremos sin atribuirlas a ninguno en concreto. Se cree que Leucipo es de Mileto y se calcula su fecha de nacimiento sobre el 500 a.C. Parece ser que conoció la filosofía eleática y se le atribuyen dos obras:  Gran cosmología y Acerca del intelecto, aunque algunos apuntan a que esta obra sería en realidad un fragmento de la anterior. Demócrito nació en Abdera, probablemente en el 494 a.C. Conoció a Protágoras, también de Abdera, y algunos apuntan la posibilidad de que este último fuese su maestro. Parece ser que Demócrito escribió muchas obras y de temática diversa: ética, física, música, matemáticas, etc. La mayoría de los historiadores de la filosofía le atribuyen la Pequeña cosmología, aunque los únicos fragmentos que se conservan de nuestro autor son de temática ética.

Para el atomismo la realidad está constituida por átomos y vacío. Los átomos (la palabra átomo significa indivisible) son un número infinito de partículas corpóreas, impenetrables, pequeñas e indivisibles que se diferencian entres sí por su forma, tamaño y posición. Estos átomos se desplazan eternamente en el vacío infinito, cuya realidad se postula para explicar la pluralidad y el movimiento de los átomos. La interacción de los átomos en el vacío da lugar a la formación de compuestos.

Los átomos poseerían las características del ser de Parménides: indivisibles, compactos, inmutables, sólidos. Lo que ocurre es que al postular el vacío puede explicar la pluralidad y el movimiento que percibimos en la realidad. Los átomos no pueden modificar su forma ni su tamaño ni están sujetos a la generación y a la corrupción. El vacío no es más que el intervalo entre átomos.

 Creen que el alma está compuesta de átomos esféricos y es la que confiere movimiento al cuerpo. Como ya hemos señalado, casi todos los textos que se conservan de Demócrito son fragmentos morales. Son un conjunto de máximas morales que no parecen responder a un auténtico sistema ético. Demócrito sostiene que el «buen ánimo» es el supremo bien y a lo que todo el mundo debe aspirar. El buen ánimo consiste en encontrarse bien porque el alma no sufre perturbación alguna: no teme, no siente ni envidia ni asombro.

Selección de textos:

«Conviene a los hombres cuidar más de su alma que de su cuerpo porque, mientras que la perfección del alma corrige la deformidad del físico, la fuerza física desprovista de razón no logra mejor en nada al alma»

«Alcanzables son las esperanzas de los hombres de buen sentido, pero imposibles son aquellas de quienes carecen de inteligencia»

«Hay que preocuparse por lograr una gran inteligencia y no una múltiple erudición»

«Se debe dar más importancia a los asuntos de la ciudad que a los de los demás, a fin de que ella esté bien gobernada, sin luchar contra lo equitativo no violentando el bien común. Una ciudad bien gobernada es la mayor prosperidad, y contiene todo en sí misma: cuando ella se salva, todo se salva; cuando ella se corrompe, todo se corrompe.»

Bibliografía:

MARTINEZ MARZOA, F., Historia de la Filosofía Antigua. Madrid, Akal, 1995.

JAEGER, Paideia. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1962.

KIRK, G.S., Y RAVEN, J.E., Los filósofos presocráticos. Madrid, Gredos, 1970. VV.AA ., Los filósofos presocráticos. Madrid, Gredos, 1978